Hoy en día Vitoria está viuda de cuatro grandes monumentos que, casi desde sus orígenes, grabaron en sus paredes la vida y la historia de nuestra ciudad. Durante siglos marcaron el ritmo de los acontecimientos, construyeron con su silueta el inconfundible perfil de la urbe y sirvieron de cobijo y lugar de oración para muchas generaciones… hasta que la guerra, la violencia y el olvido hicieron mella en sus antaño imponentes muros y dieron al traste con cuatro de las joyas más celebradas de nuestro patrimonio. Hablamos de los antiguos monasterios de Santo Domingo, el de San Francisco, el de Santa Clara y el de las Brígidas.

Cerrando los dos extremos de la almendra gótica, situados en una perfecta diagonal imaginaria sobre el eje de domingossimetría de la ciudad medieval, se alzaban orgullosos los muros del convento de Santo Domingo y de San Francisco, hitos ineludibles de viajeros, comerciantes y reyes que paseaban por las populares calles de nuestro Casco Histórico. Donde hoy se encuentra la Plaza de Santo Domingo, en los terrenos que hoy ocupa el centro cívico Aldabe, se encontraba el inmenso convento del mismo nombre, fundado por monjes dominicos allá por el siglo XIII. Este monasterio fue un punto vital para el desarrollo artístico y religioso de la ciudad hasta que se derribó a comienzos del siglo XX. Se erigió sobre el solar de lo que había sido la casa de los Reyes de Navarra, donada por Sancho VII el Fuerte para su construcción, junto con una ermita románica que usaban los monjes como iglesia hasta que dos incendios en dos épocas distintas la dejaron completamente destrozada. Por elloconvento_santo_domingo se construyó otra de nueva planta en el siglo XVI, junto con un imponente claustro, del cual aún se conserva uno de los arcos en el patio de la Residencia San Prudencio. La última misa se celebró en 1835, justo antes de que el general cristino Sarsfield, durante el asedio de las tropas carlistas a Vitoria en el contexto de la guerra civil que tuvo lugar entre 1833 y 1840, mandara evacuar todos los conventos de la ciudad para alojar en su interior tropas y armamento militar. Más tarde, y una vez desacralizado, este convento se utilizó como cuartel y como Hospital Militar, hasta que se cedió al ayuntamiento en 1916 para que procediera a su derribo.

monasterio san franciscoEn el otro extremo de la Almendra Gótica y al lado de la cuesta de San Francisco, entre el Resbaladero y los Arquillos, también existió otro célebre convento cuyos terrenos superaban los 7000 metros cuadrados y que durante siglos formó parte de la fisionomía habitual de Vitoria. Aquí se empezó a construir, también en el siglo XIII, el convento de San Francisco, que conocería un destino muy similar al de su hermano, el de Santo Domingo. Cuenta la leyenda que fue fundado por el propio santo al que estaba dedicado, del que se dice que, en el transcurso de su peregrinación hacia Santiago, se detuvo en Vitoria y fundó este monasterio. Además, el convento de San Francisco también era célebre por aparecer en las famosas Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, rey que residió en Vitoria durante largas temporadas. En la Cantiga 123 hace referencia a un milagro acontecido en este mismo monasterio por mano y obra de la Virgen María y es que, según narra, un monje franciscano estaba cerca ya de la muerte cuando una cohorte de demonios comenzó a asediarlo amenazándolo con llevárselo al Infierno. En sus últimos momentos se encomendó a la Virgen María y ésta se le apareció ahuyentándolos y garantizando su entrada en los Cielos.

Este monasterio ocupó un papel central en la vida y en la historia vitorianas, siendo lugar de reunión de las Juntasconvento san francisco Generales de Álava durante todo el siglo XVI y protagonizando varios de los acontecimientos más importantes de la ciudad, como la primera misa pontificia del cardenal Adriano VI, que se encontraba en Vitoria cuando fue proclamado Papa. Sin embargo, al igual que el convento de Santo Domingo, fue ocupado varias veces con propósitos militares hasta que su incautación por el Ramo de Guerra se hizo definitivo en 1845. Desde entonces sobrevivió a duras penas hasta que se derribó definitivamente en 1930, privando a la ciudad de uno de sus edificios más bellos y emblemáticos. Los vestigios de ese convento pueden rastrearse por toda la ciudad: algunos de sus restos arquitectónicos son visibles hoy en día dentro de los patios de vecinos de toda la manzana que ocupaba el monasterio; la balconada que actualmente tiene la iglesia de San Vicente se construyó tras el derribo del convento reaprovechando las columnas que se pueden ver hoy en día; el imponente escudo franciscano que lo identificaba se encuentra actualmente en la entrada de la iglesia del Convento de San Antonio; e incluso existe un balcón de hierro forjado en una de las casas que hace esquina de la calle General Álava que se construyó aprovechando la rejería del monasterio.

convento de santa clara
Dos grandes pérdidas en tiempos recientes que deben ser sumadas a la desaparición de dos monasterios más en la ciudad, esta vez femeninos y también acontecidos no muy atrás en el tiempo. El primero sería el convento de Santa Clara, sobre el que se construyó el actual edificio del Parlamento, aprovechando incluso algunos de sus materiales, y sobre cuyas huertas se habilitó el actual parque de La Florida. El otro, el de las Brígidas, ubicado en el solar de lo que hoy es la Catedral Nueva y construido en el siglo XVI, corrió mejor suerte a pesar de su derribo, puesto que las monjas que lo habitaban sólo fueron desplazadas, construyéndose para ellas en el siglo XIX el vecino convento que se encuentra en la calle Vicente Goicoechea y que a día de hoy todavía tiene uso.

monasterio brígidas

Cuatro monasterios célebres desaparecidos bajo las brumas del tiempo que nos abandonaron para siempre en fechas tan recientes que nos dejan un regusto amargo, pensando qué habría sido de la actual Vitoria, de sus calles, de sus tradiciones y de su devenir si hubiéramos evitado su demolición. Pero la historia sigue su curso y la ciudad nueva se sigue edificando sobre la vieja, sobre espacios que un día fueron habitados por la memoria, dejando un reguero de recuerdos que todavía nos sorprenden a la vuelta de cada esquina.

Escucha la versión audio de este post a través de la sección El Astrolabio del programa de radio El Gallinero, en Bianco FM. Para escuchar el programa completo: El gallinero 27 de noviembre